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lunes, 15 de diciembre de 2008

Crítica de la Novela: El secreto de los Assassini, de Mario Escobar




Título: El secreto de los Assassini
Autor: Mario Escobar
Editorial: La Factoria de Ideas
Año de edición: 2008
PVP euros: 19,95

Por David Yagüe, periodista

Crítica:

Mario Escobar, tras un brevísimo descanso con Sol rojo sobre Hiroshima, vuelve a la carga con la saga de sus personajes más célebres el español Hércules Guzmán Fox y el norteamericano Georges Lincoln. Estos personajes tras investigar el hundimiento del Maine (en Conspiración Maine) y estar involucrados en una conspiración que provocó la Primera Guerra Mundial (en El Mesías Ario) se han alejado de la contienda que asola Europa en El Cairo. Pero como buenos imanes de peripecias que son estos personajes se ven envueltos en una otra nueva aventura que mezcla la caída del Imperio Turco, la secta de los Assassini o el genocidio armenio entre otras cuestiones.

Escobar nos sorprende con un peqeño giro a la saga en esta trepidante novela (más que las dos anteriores) donde la aventura prima más sobre la intriga, aunque también la haya. Además, por primera vez, incluye unas gotitas de fantasía a la historia que la convierten, además de por otros guiños, en una especie de heredera literaria del célebre Indiana Jones: viajes, aventuras, ruinas arqueológicas, sectas arcanas...

Por su formación de historiador la ambientación y las mezcla de los distintos eventos y personajes históricos de la historia (muchos) están trenzadas de forma verosímil, dentro de la propia lógica interna de la saga, y respetando el fondo real de cada uno. Además, como siempre, el autor tiene la deferencia de explicarnos en un anexo lo que es real e imaginario en la novela.

El secreto de los Assassini es, más que la consagración de su autor, la mayoría de edad de una saga fabulosa y que debería ser de referencia para los fanáticos del thriller histórico. Mario Escobar se desenvuelve como un auténtico maestro en el género, imprime una velocidad cinematográfica a su narración y demuestra, como ya lo hiciera con El Mesías Ario, que es un especialista en finales muy satisfactorios y poderosos.

El Autor:

Mario Escobar es licenciado en Historia. Trabaja como director ejecutivo de una ONG y es director de la revista Historia para el Debate, colaborando como columnista en distintas publicaciones. Ha escrito las novelas Conspiración Maine y El Mesías Ario, que se convirtieron rápidamente en grandes éxitos de crítica y ventas.
También es autor de la novela Sol rojo sobre Hiroshima.

miércoles, 30 de julio de 2008

El secreto de los Assassini



La novela saldrá el 15 de noviembre. La tercera aventura de Hércules, Lincoln y Alicia.

Roma, año 813. Una expedición se dirige a la boca del Nilo. Su misión es descubrir un secreto que los faraones negros de Meroe ocultan desde hace siglos.


El Cairo, año 1075. El Gran Visir recibe un extraño regalo que protegió a la peligrosa secta de los Assassini. El arma que les ayudó a resistir a las fuerzas cruzadas y el ataque de Saladino.


Estambul, año 1914. Una misteriosa princesa árabe esconde un secreto que puede cambiar la historia de la humanidad, pero tendrá que recorrer con Hércules Guzmán Fox y sus amigos George Lincoln y Alicia Mantorella el desierto de Egipto, luchar a los pies de la Acrópolis y atravesar una Turquía en guerra para llegar al Valle de los Asesinos, donde se esconde un misterio que podría provocar la última cruzada contra el Islam.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Hércules Guzmán Fox



Hércules Guzmán Fox. Nacido en Cartagena en 1846. Formado en la Armada Española, segundo oficial del barco “Velasco”. Miembro de los servicios secretos españoles. Degradado en el verano de 1897. Readmitido por el Almirante Mantorella para la investigación del hundimiento del acorazado Maine, en el puerto de La Habana en 1898. Tras el estallido de la Guerra Hispano-Norteamericana viajará a Estados Unidos y España. Durante el viaje se casará con una rica heredera española. Se establecerá en Madrid donde gobernará el imperio legado por su difunta esposa. El Almirante Mantorella le encargará la investigación de diferentes casos, durante su etapa de Comisario jefe de Madrid. Tras su muerte, Hércules viajará por Europa para desvelar la misteriosa muerte de varios profesores en la Biblioteca Nacional. Tras el estallido de la 1ª Guerra Mundial viajará a El Cairo.

martes, 13 de mayo de 2008

Freya Stark: La primera occidental en el Valle de los Asesinos



En la Edad Media, la llamada secta de los Asesinos había sembrado el terror en Oriente

Medio con sus sangrientos atentados y crímenes. Freya Stark fue la primera europea que se adentró en sus inhóspitos dominios. Esta "criatura intrépida", como la definió Lawrence de Arabia, llevó una vida nómada desde su nacimiento hasta su muerte, a los 100 años. Se enamoró del desierto y trabajó para evitar que el mundo árabe se apuntara a la causa del Tercer Reich.
María Ares, periodista


"Quería espacio, distancia, historia y peligro, y me interesaba el mundo vivo." Esta fue la filosofía que movió a Freya Stark (1893-1993), que heredó de sus padres el espíritu viajero, siempre de aquí para allá. Estos se separaron cuando aún era una niña, y ella y su hermana abandonaron Francia para ir a vivir con su madre a Italia. Freya ganó un hogar, pero perdió a su padre y una privilegiada posición económica. Vivió en el umbral de la pobreza y no pudo recibir una educación convencional, algo que siempre lamentó. Tenía un gran deseo de aprender y leía todo lo que caía en sus manos. Conoció Las mil y una noches y el mundo descrito en esa obra le parecía un sueño. Desde entonces quiso escapar a Oriente.

Estudió el idioma y la cultura árabes, y cuando se consideró preparada y reunió el dinero necesario, se embarcó con una amiga rumbo a Beirut, en 1927. Deseaban explorar la región siria de Jebel ed-Druz, o "Montaña de los drusos", pero esta se encontraba bajo la ley marcial francesa y un cordón militar impedía el paso a los civiles. Lo cruzaron y fueron detenidas, aunque las soltaron porque las consideraron dos europeas locas que no constituían ninguna amenaza.
Texto revista CLIO

jueves, 17 de abril de 2008

Nizaríes o secta de los asesinos




Los nizaríes, a quienes sus enemigos llamaron hashshashín, de la que procede el término asesinos, fueron una secta religiosa ismailí de Oriente Medio, activa entre los siglos VIII y XIII. Se hizo famosa a partir del XI por su actividad estratégica de asesinatos selectivos contra dirigentes políticos o militares. En ese período, tuvo su sede principal en la fortaleza de Alamut, en los montes Elburz, al norte del actual Irán.
Origen
El grupo, en origen, no era más que una comunidad de partidarios del ismailismo en Irán, es decir, una secta minoritaria del chiísmo, a su vez minoritario en un país eminentemente sunní. El gran centro de poder ismailí era el califato Fatimí con sede en El Cairo. En 1090, para ponerse a salvo de las persecuciones, y dirigidos por el carismático Hasan-i Sabbah o Hasan al-Sabbah, tomaron la fortaleza de Alamut, una posición inexpugnable en las montañas, al sur del Mar Caspio.
Aunque su principal y más conocida sede era Alamut, poseían muchas otras plazas fuertes en Irán y Siria, de modo que conformaban una red cohesionada y bien comunicada, a la que algunos autores califican de Estado. Los castillos nizaríes eran difícilmente conquistables: se construían en lugares poco accesibles, aprovechando accidentes del terreno, y solían estar bien provistos en cuanto a fuentes de agua y alimentos. Desde estos lugares, los ismailíes extendieron su predicación por Irán y Siria, lo que fue visto como una amenaza por los sultanes de la dinastía turca de los selyúcidas, que controlaban Irán. Emprendieron varias acciones militares contra los ismailíes, que no tuvieron gran éxito. En revancha, los ismailíes emprendieron su estrategia de asesinatos políticos contra dirigentes políticos o militares. Una de sus primeras víctimas fue el visir Nizam al-Mulk en 1092.
Dos años más tarde, en 1094, murió el califa fatimí Al-Mustansir, cabeza del ismailismo, y estalló una guerra de sucesión entre sus hijos Musta'li y Nizar. Los ismailíes de Irán tomaron partido por este último, que finalmente fue derrotado, provocando una ruptura entre los seguidores de Hasan-i Sabbah (que en lo sucesivo se llamarían nizaríes) y la mayoría de los ismailíes.
Los "asesinos"
A pesar de su escaso número, los nizaríes parecen haber aterrorizado enormemente a sus enemigos. Realizaron muchas acciones mortíferas y lograron alcanzar a personajes muy protegidos, creando la leyenda de que nadie podía escapárseles. El 22 de mayo de 1176 intentaron asesinar a Saladino durante el Asedio de Alepo, en los años precedentes a la tercera cruzada. El famoso caudillo kurdo respondió asediando la posición nizarí siria de Masyaf, pero acabó desistiendo. Fuentes nizaríes dicen que el propio jeque o líder nizarí se coló en la tienda de Saladino mientras éste dormía, dejándole un pastel envenenado con una nota que decía: "estás en nuestras manos". Otra versión habla de una carta enviada a su tío materno jurando la total destrucción de la familia ayyubí. El caso es que desde entonces, Saladino mantuvo buenas relaciones con los nizaríes. También fueron víctimas de la secta el califa abbasí Al-Mustarshid, y más tarde su hijo Al-Rashid. La gran mayoría de sus víctimas fueron musulmanes, y quizá por eso la mayor parte de los datos manejados tradicionalmente en Europa sobre los asesinos no proceden de fuentes cristianas directas sino sobre todo de una indirecta y dudosa: Marco Polo.
El viajero veneciano habla de los nizaríes en sus relatos de viajes, y asegura haber visitado Alamut en 1273, lo cual es obviamente falso, ya que la fortaleza fue destruida en 1256 por los mongoles. De Marco Polo procede también la leyenda de los guerreros drogados con hachís en el falso paraíso. Un siglo antes, un viajero menos conocido, el judío navarro Benjamín de Tudela, menciona la secta de los asesinos y a un jefe llamado "el viejo", aunque afirma que su sede principal era Kadmos y no Alamut.
Fue Marco Polo quien popularizó en Europa la leyenda del origen del nombre de Asesinos con el que la secta pasó a la historia en occidente. El término asesino, que hoy es una palabra común, procede del árabe hashshashín, que literalmente significa "consumidores de hachís". Este término, al igual que como muchos otros datos sobre la secta, procede de sus numerosos enemigos, ya que la mayor parte de la documentación nizarí fue destruida con el castillo de Alamut.
Los homicidios políticos practicados por los nizaríes pretendían ser ejemplificadores y se hacían a plena luz del día, cuando la persona objeto del atentado estaba rodeada de público, lo que suponía que el asesino era capturado y ajusticiado invariablemente tras cometer su asesinato. La leyenda atribuye el arrojo y el encarnizamiento de los homicidas, que sabían que no saldrían vivos de su acción, al consumo de hachís, o quizá de otras drogas llamadas genéricamente por este nombre. Una versión más elaborada de la leyenda cuenta que los dirigentes de la secta captaban a las personas destinadas a matar a los oponentes políticos del siguiente modo: eran drogados con hachís hasta quedar dormidos. Entonces se les llevaba a un jardín secreto del castillo de Alamut, lleno de agua, animales exóticos, árboles frutales y bellas mujeres, donde despertaban creyendo que se encontraban en el paraíso. Tras gozar durante unas horas del supuesto edén, era de nuevo drogados por las doncellas y despertaban en el punto de partida. Un líder de la secta les decía entonces que habían tenido el privilegio de conocer el paraíso y que podrían volver a él, por toda la eternidad si se sacrificaban en pro de la causa. Esto explicaría el valor que demostraban en sus acciones armadas. La palabra hashshāshīn, plural de hashshāsh, pasaría a las lenguas europeas como asesino, con el significado de "homicida". Algunos autores, como Amin Maalouf, contestan a esta etimología, y dicen que la palabra procede de asāsiyyīn "fundamentalistas".
En realidad, la relación de los nizaríes con el hachís no está atestiguada y muchos estudiosos la consideran poco probable. Sí es más probable que se les diera ese nombre de foma genérica y posteriormente tomara ese sentido, forjándose la leyenda.
El término nizaríes es quizá el nombre más neutro. La secta solía llamarse a sí misma al-da'wa al-yadīda الدعوة الجديدة, que en árabe significa "la nueva predicación" o "nueva doctrina, y los que realizaban acciones armadas se llamaban a sí mismos fedayín fidā'iyyīn, plural de fidā'ī, esto es, "los que están dispuestos a dar la vida por una causa".
Del Viejo de la Montaña a la invasión mongola

El Viejo de la Montaña en una representación cristiana medieval.
La época de Hasan-i Sabbah, llamado también el Viejo de la Montaña, ha pasado a la historia como la del auge de la secta, del mismo modo que se ha considerado Alamut como el principal, si no único, centro de irradiación nizarí. Hasan es fácilmente representable como el arquetipo de personaje de inteligencia maligna, sin escrúpulos y ávido de poder, muy del estilo de la imagen que circula hoy sobre Osama bin Laden, con quien se le ha comparado, u otros grandes enemigos públicos. En contrapartida, muchos autores, y desde luego los actuales ismailíes, hablan de su gran producción intelectual, su carácter piadoso y austero, su convicción y su genio militar. Lo cierto es que los nizaríes siguieron existiendo tras su muerte en 1124, y desde varios puntos de vista los aspectos más importantes de la secta son posteriores al carismático líder. Los dirigentes de la secta residieron en otros lugares aparte de Alamut, y muchos de ellos fueron conocidos también con el sobrenombre "viejo de la montaña", lo que es lógico teniendo en cuenta que se les aplicaba el tratamiento de shayj, que etimológicamente significa "anciano" en el sentido de "venerable", y que forzosamente residían en la montaña pues las fortificaciones nizaríes se construían en lugares escarpados para defenderse mejor de sus múltiples enemigos.
A Hasan le sucedió su lugarteniente, Buzurg Ummid "Gran esperanza", y tras él su hijo, Muhammad I, en 1138. Los nizaríes seguirán practicando sus estrategias de asesinato contra los turcos y otros enemigos políticos de manera intermitente, aunque sonada: algunos de sus asesinatos más famosos son de esta época posterior al Viejo, como se ha dicho más arriba.
En tanto que rama minoritaria del ismailismo, que a su vez es rama minoritaria del chiísmo, y éste rama minoritaria del Islam, los ismailíes eran percibidos por la población (mayoritariamente sunní como la heterodoxia dentro de la heterodoxia, lo que explica que la mayor parte de la documentación que existe sobre la secta dé a entender que su carácter islámico era solamente aparente. Se suele insistir en su aspecto batiní, esto es, esotérico, y se dice que incluso llegaron a negociar con el rey Amalrico I de Jerusalén su conversión al cristianismo por razones de conveniencia, pretensión que habría sido abortada por las maquinaciones de los Templarios.
El hecho es que el Islam ismailí, aunque se atiene al ritual y las prescripciones legales de la religión, considera que éstas son secundarias respecto a la finalidad realmente importante, que es el conocimiento esotérico de los mensajes ocultos en el Corán. Esto ha propiciado que del ismailismo hayan surgido, en una nueva vuelta de tuerca, derivaciones cuya islamicidad está puesta en tela de juicio por la mayoría de los musulmanes, como las de los drusos y alauíes.
En 1162, Hasan II sucede a su padre Muhammad I. Bajo su mandato se produce una de esas vueltas de tuerca, uno de los hechos más notables en la historia de los los nizaríes. En el mes de Ramadán de 1164, anunció, en nombre del Imam oculto, que había llegado el momento de la "gran resurrección" (qiyama), con lo que ya no tenía sentido cumplir las prescripciones musulmanas ni seguir la sharia. El ayuno de Ramadán fue prohibido, y se alentó a los fieles a beber libremente alcohol. El reinado de Hasan II será breve, ya que 18 meses más tarde será asesinado por un partidario de la vieja doctrina. Sin embargo, su hijo Muhammad II siguió los pasos de su padre. Fue el hijo de éste, Hasan III, quien puso fin a la herejía tras la muerte de Muhammad II, en 1210. Los nizaríes, además, en adelante seguirán los rituales sunníes y no los chiíes.
El declive
El poder nizarí desapareció al tener que enfrentarse a dos enemigos muy poderosos. De un lado, la dinastía de los mamelucos, que había sucedido en Egipto al sultanato ayubí, y cuyos ejércitos, dirigidos por el sultán Baybars, tomaron el último baluarte nizarí en Siria en 1273. En Irán, tras el reinado insignificante y violento de Muhammad III, que dura hasta 1255, su hijo Jur Shah debe enfrentarse con el avance de las tropas mongolas dirigidas por Hulagu Jan, nieto de Gengis Jan, dispuesto a arrasar Oriente Medio.
Los mongoles conseguirán asediar y destruir una a una todas las fortificaciones nizaríes, incluida Alamut, que quedó reducida a los cimientos, desapareciendo con ella su gran biblioteca. Jur Shah morirá camino de Mongolia, y de su familia sólo sobrevivirá uno de sus hijos, al parecer ocultado a tiempo para preservar la sucesión. Muchos nizaríes fueron masacrados.
Se sabe poco de la historia de los nizaríes tras este periodo de destrucción y masacre. Los restos de la comunidad se dispersan en grupos aislados y sobreviven discretamente, amenazados y débiles ante los musulmanes ortodoxos.
El renacimiento
En el siglo XV hay un cierto resurgir de la secta: desde la ciudad iraní de Anjudan se retoman las predicaciones y se envían misioneros a la India y Asia Central. La predicación consigue realizar gran cantidad de conversiones. En la India, los nuevos nizaríes se llamarán Khodjas o Joyas.
En el siglo XIX, el lejano descendiente de aquel hijo de Jur Shah salvado de la persecución mongola, Hasan Ali Shah, que es el iman número 46 de los nizaríes, recibe del sah de Irán Fath Ali el título de Aga Jan. En 1848 se instalará en Bombay, desde donde emprende la reorganización de la comunidad ismailí. Las autoridades británicas que gobiernan el subcontinente obligarán a los joyas a reconocer la autoridad del Aga Jan, lo que hicieron hasta la independencia de la India. Hoy en día, el heredero de los imanes nizaríes, y jefe del ismailismo, es Shah Karim al-Husayn, conocido como Karim Aga Jan, el cuarto en llevar este título.De Wikipedia, la enciclopedia libre.

Mario Escobar autor de: El secreto de los Assassini



Mario Escobar Golderos.
Es historiador. Colaborador habitual de National Geographic Historia e Historia 16. Interesado en los misterios que oculta la historia, la religión y la ciencia, lleva toda una vida dedicado a desvelarlos. Con su anterior novela, El mesías ario consiguió entretener y fascinar a miles de lectores, ahora regresa con una nueva aventura de sus personajes Hércules Guzmán Fox y George Lincoln